Semana de Música Religiosa de Cuenca: mantener el pulso

A pesar de recortes y deudas millonarias, el veterano festival conquense ha presentado en esta 51 edición un programa que no descuida la presencia de la creación actual ni deja de incluir obras y autores del siglo XX. Contra las voces que pregonan la necesidad de una programación poco arriesgada para estos tiempos, la SMR demuestra que esta presencia es imprescindible también en los grandes eventos culturales.

H20120407_semana-musica-religiosa-cuencaablar de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, festival que en estos días cumple su 51 edición, es hablar de uno de los eventos culturales plenamente consolidados en nuestro país. Un buen ejemplo de cómo se puede hacer compatible una programación amplia de miras y que nunca ha descuidado la presencia de la creación actual. También una demostración de que una ciudad pequeña, con la ventaja que otorga el ser localidad turística, puede convertirse en foco de atención cultural, atendiendo las inquietudes de sus ciudadanos a la vez que atrayendo público de otros lugares.

Pero estos precedentes y su situación como “festival histórico” no parecen disuadir del tijeretazo que el conjunto de la actividad cultural está sufriendo en España durante los últimos tiempos. La renuncia de Caja Madrid a financiarlo, parcialmente paliada con la aportación de Caja Rural, sumada a los retrasos en los pagos de la Junta de Comunidades y una deuda (aún por auditar por el nuevo patronato) que asciende a 1.200.000 euros, han hecho que en esta edición afloraran todos los demonios e incluso no se descartase su cancelación. El presupuesto, que en 2011 ascendió a 1.000.000 de euros y en la presente edición se ha visto mermado en 200.000, ha suscitado dudas sobre su viabilidad futura. Su directora, Pilar Tomás, declaraba recientemente para un artículo de El País: “Lo estamos pasando muy mal. Se han suspendido todos los pagos de las aportaciones. Estamos pendientes todavía de las del año pasado. Si hay voluntad de todos los implicados, no se tendrá que suspender [...] La voluntad es continuar, sanear al máximo… Pero puede haber un puñetazo encima de la mesa [...]“. Estas palabras, casi apocalípticas, invitaban a pensar en lo peor, algo que afortunadamente no se ha producido y esta edición se ha podido celebrar aun con cierta merma de programación que era previsible.

Música de nuestro tiempo

En nuestra publicación hemos siempre alabado políticas de programación en los grandes festivales que hagan presente la música viva, a través de subciclos o de la integración de obras en los conciertos del ciclo principal. La Semana de Música Religiosa de Cuenca puede considerarse como un buen ejemplo en este sentido. Quizá el hecho de que la localidad castellano-manchega tenga una trayectoria de modernidad envidiable sea un aspecto importante para explicar este interés por el arte vivo que la Semana ha ido manteniendo a lo largo de los años. Recordemos la creación en los años 60 del siglo pasado del Museo de Arte Abstracto Español creado por el artista Fernando Zóbel y actualmente gestionado por la Fundación Juan March, o en los 80 el tristemente desaparecido Gabinete de Música Electroacústica, instituciones ambas que sin duda aportan un escenario óptimo para que un festival de música no descuide la presencia de la creación contemporánea.

En este contexto, el festival conquense ha tenido siempre una especial atención –que se observaba bien en el enfoque en la comunicación y difusión del evento- a los estrenos y encargos, enfatizando la importancia de que las programaciones atendiesen este espacio vivo del arte musical. Como ejemplo bastará recordar la repercusión que tuvo el encargo del pasado año a Jesús Torres de la obra Apocalipsis, estrenada por Accentus, Schola Antiqua y Ensemble Residencias bajo la dirección de Nacho de Paz, y que fue repuesta en Madrid en verano de ese mismo 2011.

La ausencia de una presentación del festival en su web o en el programa de mano –algo habitual en pasadas ediciones- donde se ponía énfasis en esta política de encargos y estrenos, da una pista de los problemas por los que pasa el ciclo en estos tiempos, pero afortunadamente no ha hecho olvidar a sus organizadores la importancia de mantener un cuerpo de obras del presente en los diferentes conciertos del ciclo. Así se ha podido asistir al estreno del único encargo del festival, Aut Caesar Aut nihil de Eduardo Soutullo (1968), y a las también primeras audiciones de Slowly… in Mist de Josep Maria Guix (1967), Obras del Códice de las Huelgas de Lionel Sow y Quetzal de Caroline Marçot (1974), y el próximo domingo 8 de abril, en su clausura, al estreno en España de Ave María, de la misma compositora francesa. Pero la presencia de la música del siglo XX también ha podido encontrarse en otros puntos de la programación, con obras de Nono, Maderna, Petrassi, Dallapicola y Scelsi –en el tercer concierto, dedicado a Venecia- o del presente en la obra Pètals del barcelonés Ramón Humet –en el séptimo, protagonizado por el Trío Kandinsky-.

En definitiva, podemos felicitarnos de que los recortes presupuestarios no hayan supuesto también un recorte sustancial en la concepción del ciclo, demostrando una vez más que se puede construir una programación que aúne el pasado y el presente, y que contrariamente a lo que van voceando ciertas corrientes de opinión sobre la gestión cultural, ésta puede ser de gran atractivo para un público no especializado en el uno ni en el otro.

Las críticas

Para terminar, tres críticas: la primera es el precio de las entradas (de 20 a 40 euros) y abonos (de 140 a 168 euros los parciales y 270 a 291 euros para la asistencia a los 13 conciertos del ciclo), que aunque pueda justificarse en el hecho de que no han variado sustancialmente respecto a otros años y que las dificultades financieras actuales no permiten una bajada, resultan inasequibles para muchos, sobre todo en la situación económica en que se encuentran tantos ciudadanos. La segunda, la baja presencia de actividades paralelas que, salvo la interesante iniciativa “Visita acústica a la Catedral” –con en las vidrieras de la catedral del artista Gustavo Torner como protagonistas en un acto que hace protagonista a luz y el concepto de creación- no presenta este año ninguna otra actividad relacionada con el arte actual.

Una última crítica: aunque, como hemos señalado, la creación actual sí está presente, quizá se debería poner una mayor atención en el hecho de que nuestro país vive un tiempo muy rico en propuestas, y sorprende un poco que, por ejemplo, no se programe ninguna obra donde la electroacústica o el arte sonoro tengan un papel de relieve. No decimos esto porque el “formato” deba ser una condición indispensable en la articulación de los programas, sino porque las propuestas que utilizan medios y conceptos ligados a las nuevas tecnologías y a otros espacios disciplinares, aportan una visión muy ligada al tiempo en que vivimos, y su presencia en este tipo de festivales ayudaría a que muchas iniciativas de bajo presupuesto y valor artístico indudable vieran la luz en un contexto no especializado, para así ser puestas en juego ante un público diverso.

Información

Semana de Música Religiosa de Cuenca
Paseo del Huécar, s/n
16001 Cuenca
E-mail: informacion@smrcuenca.es
Web: http://www.smrcuenca.es

Referencias

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