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	<title>SUL PONTICELLO &#187; Mecenazgo</title>
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	<description>Revista on-line de música y arte sonoro</description>
	<lastBuildDate>Thu, 11 Jun 2015 12:23:14 +0000</lastBuildDate>
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		<title>Crowdfunding para Sound-in: arte sonoro y músicas experimentales en la Feria de Arte Múltiple ESTAMPA</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Sep 2012 07:53:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mikel Gunkian</dc:creator>
				<category><![CDATA[01 Teletipos]]></category>
		<category><![CDATA[Arte sonoro]]></category>
		<category><![CDATA[Artes plásticas]]></category>
		<category><![CDATA[Electroacústica]]></category>
		<category><![CDATA[Festivales]]></category>
		<category><![CDATA[Mecenazgo]]></category>
		<category><![CDATA[Política cultural]]></category>

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		<description><![CDATA[Fecha límite para aportaciones: 24 de octubre de 2012.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>E<img class="alignright size-full wp-image-5714" title="20120916_crowdfunding-sound-in-estampa" src="http://www.sulponticello.com/wp-content/uploads/2012/09/20120916_crowdfunding-sound-in-estampa.jpg" alt="20120916_crowdfunding-sound-in-estampa" width="220" height="250" />l micromecenazco o <em>crowdfunding</em> se está convir-tiendo en una alternativa (o un complemento, según los casos) a la financiación tradicional, que en los casos de la música contempo-ránea o el arte sonoro y sus derivaciones se mantenía a través de subvenciones y ayudas públicas. La casi nula presencia de éstas en el momento económico actual, hace que las iniciativas se intenten financiar a través de otras vías, y una de las pocas que existen en la actualidad es la de la pequeña aporta-ción desde, generalmente, personas comprometidas e interesadas en los proyectos que se lanzan a esta fórmula. Estas personas reciben una contraprestación que, dependiendo de la cantidad que aporten, suele consistir en la asistencia gratuita a las actividades, obtención de discos, entradas para conciertos, mención en las notas al programa, encuentros con los participantes, etc.</p>
<p>En este caso será Sound-in, la sección de arte sonoro y músicas experimentales de la Feria de Arte Múltiple ESTAMPA la que opta por esta vía de captación de fondos. Sound-in participó por primera vez en ESTAMPA el pasado año y en esta ocasión &#8220;<em>aspira a convertirse en el punto de encuentro anual de la comunidad de aficionados, artistas, productores, comisarios, críticos, coleccionistas, etc. relacionados con todas las músicas que intentan llevar la música a sus límites más arriesgados e inauditos</em>.&#8221;</p>
<p>ESTAMPA se celebrará del 25 al 28 de octubre de 2012 en Matadero Madrid, y la iniciativa de micromecenazgo para Sound-in durará hasta el 24 de octubre. Hay que destacar también que Operadhoy colabora regalando dos invitaciones para el estreno mundial que tendrá lugar en el Teatro de la Zarzuela el 29 de junio de 2013 a la primera contribución al proyecto Sound-in por un importe igual o superior a 50 EUR.</p>
<p><strong>Información y aportaciones</strong></p>
<p>Aportaciones a través de Verkami:<br />
<a href="http://www.verkami.com/projects/3097-sound-in-arte-sonoro-y-musicas-experimentales-en-la-feria-de-arte-multiple-estampa" target="_blank">http://www.verkami.com/projects/3097-sound-in-arte-sonoro-y-musicas-experimentales-en-la-feria-de-arte-multiple-estampa</a></p>
<p>Sound-in<br />
E-mail: <a href="mailto:sound-in@estampa.org">sound-in@estampa.org</a></p>
<p><strong>Referencias</strong></p>
<ul>
<li><a href="http://www.estampa.org/exp_SoundIn.html" target="_blank">Ficha de expositor de Sound-in en ESTAMPA</a></li>
<li><a href="http://www.facebook.com/SoundInEstampa" target="_blank">Pagina de Sound-in en Facebook</a></li>
</ul>
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		<title>LIEM: incertidumbres y horizontes</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Apr 2012 09:26:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergio Blardony</dc:creator>
				<category><![CDATA[01 Musikontext]]></category>
		<category><![CDATA[Electroacústica]]></category>
		<category><![CDATA[Informática musical]]></category>
		<category><![CDATA[Mecenazgo]]></category>
		<category><![CDATA[Política cultural]]></category>

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		<description><![CDATA[Entrevistamos en este artículo a Adolfo Núñez, coordinador del Laboratorio de Informática y Electrónica Musical (LIEM), para preguntarle por el futuro de este centro y su opinión sobre otros aspectos relacionados con la gestión cultural.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>E<img class="alignright size-full wp-image-5033" title="20120425_liem-incertidumbres-horizontes" src="http://www.sulponticello.com/wp-content/uploads/2012/04/20120425_liem-incertidumbres-horizontes.jpg" alt="20120425_liem-incertidumbres-horizontes" width="220" height="250" />stos son tiempos difíciles, en general para la cultura y muy particularmente para aquella que no participa de las reglas del mercado. El Laboratorio de Informática y Electrónica Musical (LIEM) ha desaparecido de su sede habitual –el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía- y su futuro parece verse comprometido por el ya cansino discurso de la crisis. En este artículo charlamos con su coordinador, Adolfo Núñez, que nos dará algunas claves sobre la situación actual.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong><em>Hace ya unos años que desapareció el Gabinete de Música Electrónica (GME) de Cuenca, una pérdida irreparable para un país donde este tipo de espacios no abundan precisamente. Ahora, los rumores sobre el LIEM empiezan a ser alarmantes. La desaparición del CDMC hace dos años, la unidad de producción a la que estaba asociada, da cierta impresión de haber dejado al LIEM en una especie de &#8220;tierra de nadie&#8221;. ¿Cuál es la verdadera situación actual?</em></strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">En este momento el LIEM no está en &#8220;tierra de nadie&#8221; sino que depende orgánicamente del Centro de Tecnología del Espectáculo (CTE), centro que dirije Patxi Larrañaga y que a su vez depende del INAEM. El grueso del CTE se supone que ha de trasladarse al CREAA  (Centro de Creación de las Artes de Alcorcón) y ello permitiría que el LIEM se instalara en su sede actual de la calle Torregalindo. Pero como la construcción del CREAA se está retrasando no podemos en este momento instalarnos definitivamente por lo que estamos en una sede provisional donde tenemos almacenado el equipamiento del estudio. No obstante, el equipamiento de conciertos está completamente disponible y seguimos colaborando con actividades del INAEM, tales como los ciclos del CNDM o el proyecto educativo de la ONE.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong><em>¿Qué ocurrirá con los proyectos ya en marcha? Imagino que habrá una larga lista de espera de creadores con los que el laboratorio había ya adquirido compromisos…</em></strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Los proyectos que requieran la utilización del estudio no se pueden realizar. Tenemos una lista de 39 proyectos que se quedaron pendientes desde el cierre en Julio de 2010,  Lógicamente, muchos de ellos ya estarán terminados porque los creadores habrán buscado soluciones alternativas, algunos esperaban a la reapertura en el MNCARS (Centro Reina Sofía), pero ahora, con el retraso del CREAA, el horizonte temporal se ha alejado muchísimo más.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong><em>El nuevo rumbo político que se quiere imprimir a la cultura pasa por una transformación de enorme envergadura. Según han ido expresando los diferentes responsables del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, se pretende un cambio de modelo que progresivamente iría sustituyendo la aportación financiera pública por la privada. Y esto se quiere articular sobre todo a través de una nueva Ley de Mecenazgo. Pero a menudo se ponen como ejemplo a seguir cambios de modelo llevados ya a cabo en grandes instituciones como el Teatro Real o el Museo del Prado, que han incorporado el capital privado en forma de esponsorización o de &#8220;club de benefactores&#8221;. ¿Piensas que estas políticas son válidas para sostener centros como el LIEM, con actividades ignoradas hasta ahora por la iniciativa privada? ¿Qué habría que hacer para captar el interés de este tipo de financiación que, hasta la fecha, sólo parece contemplar los grandes eventos e instituciones, que les garantizan el cumplimiento de sus objetivos en relación al prestigio o la desgravación fiscal?</em></strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Realmente para obtener mecenazgo es muy difícil competir con los repertorios de ópera y los genios históricos de la pintura. En España hay muy poca tradición de mecenazgo y se requieren generaciones para cambiarlo. Me viene a la memoria el caso Estados Unidos, país en el que por ejemplo su tradición de orquestas sinfónicas comenzó mediante colectas públicas a principios del siglo XIX y que sólo mucho después empezó a ser subvencionado por las instituciones públicas y siempre de forma minoritaria. Incluso ahora se puede ver en los programas de mano la lista de los auspiciadores, incluso los particulares que aportan pocos dólares. Hablo pues de una tradición de siglos, en paises como España, pero también en Francia o Italia no hay nada equivalente. En el caso de la música experimental, la contemporánea o el arte sonoro, el sector donde está el LIEM, tratándose de tecnología actual siempre se puede recurrir a las empresas dedicadas a esto y de hecho nos han ayudado en ocasiones, sobre todo prestando equipamiento para conciertos. Pero evidentemente, la música pop llega a más público y es mejor plataforma para anunciarse que músicas más minoritarias. Pero siempre se puede legislar para apoyar mediante desgravación a un tipo de música u otro, lo cual implica a su vez un dirigismo cultural con el que los ciudanos han de estar de acuerdo. Por otro lado si no hay apoyo de lo público, nos quedamos en manos de las multinacionales del entretenimiento. En realidad es todo muy nuevo en nuestro país y me resulta difícil adivinar las consecuencias y desarrollo futuro.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong><em>En un momento en que la creación musical actual parece necesitar, más que nunca, afianzar relaciones con otras artes y disciplinas, los medios tecnológicos que trabajan con lo sonoro aparecen como una vía imprescindible para establecer esos vínculos. ¿Qué papel crees que tienen centros como el LIEM en este contexto?</em></strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Es fundamental optimizar recursos. La tecnología de audio, los sistemas de grabación, edición y procesamiento del sonido en el estudio o en vivo tienen aplicación en multitud de contextos, y no sólo en el de la música electroacústica o la música contemporánea instrumental. Hay muchos artistas que trabajan colaborando con otros, cada uno procediendo de diferentes disciplinas, pero también los hay cada vez más que no están encasillados sólo en lo sonoro, sino que lo combinan con la imagen en movimiento, lo visual, la performance, los juegos, etc. Los centros como el LIEM han de estar al servicio de toda iniciativa que implique la creación o la investigación en lo sonoro. De hecho un porcentaje cada vez más alto de artistas que no proceden de la música ha utilizado el LIEM para sus proyectos, y si no han venido más ha sido por falta de difusión.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong><em>Podría parecer que no, pero en España hay ya una larga experiencia en laboratorios de electroacústica y centros similares, aunque siempre asentados sobre recursos insuficientes o iniciativas personales: desde el Alea hasta la implantación de estas unidades en conservatorios o vinculadas a museos y universidades, pasando por las iniciativas privadas, existe una trayectoria nada desdeñable, aunque es cierto que siempre plagada de dificultades generalmente muy ajenas a la propia actividad artística. Esto demuestra con creces la necesidad que ha tenido la creación musical de este tipo de centros. Sin embargo, los avances de la tecnología y el abaratamiento –o en muchos casos, la gratuidad del software- han hecho del estudio personal una opción posible para el compositor. ¿Crees que, de mantenerse esta inercia en la tecnología, un futuro cercano hará menos necesaria la existencia de estos centros o, por el contrario, siempre existirá un volumen considerable de medios que resultarán inacesibles para el estudio del creador?</em></strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Es obvio que en la actualidad los creadores pueden necesitar menos un centro de estas características ya que es posible disponer de software en sus propios ordenadores para realizar muchas tareas. Ya no es tan necesario como hace 30 años tener que trabajar en un centro adecuado para componer música electrónica. Todo lo relativo a la concepción, composición y procesamiento se puede hacer con software en los ordenadores personales, pero hay trabajos para los que se sigue necesitando un centro de estas características. En particular todo lo necesario para la preparación del concierto en vivo no suele estar al alcance del estudio privado. Por ejemplo, tener un espacio de escucha y masterización apropiado, una sala con tratamiento acústico, aislada, con posibilidad de escucha multicanal (5.1, 7.1, 8 o más altavoces), o tener un espacio para grabación o de experimentación en procesamiento de sonido en vivo con los músicos. Evidentemente estos recursos se pueden parecer mucho a los de un estudio de grabación convencional, pero tiene que ser mucho más flexible y abierto a cualquier tipo de proyecto. Si el centro está asociado a una institución de enseñanza o de investigación, la utilidad es todavía mayor, tanto para la realización de las prácticas de los alumnos como para la investigación, que puede tener muy diversos desarrollos según el campo del que se trate.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong><em>Enlazando con esto último que comentas, al margen de la mera aportación de unos medios técnicos y tecnológicos, ¿qué papel crees que deberían tener los laboratorios? Los modelos de otros lugares, como el IRCAM, CEMAMu, el Instituto de Sonología de La Haya… no contemplan únicamente una prestación de medios técnicos y tecnológicos, sino que también se estructuran en torno a aspectos como la educación, la investigación o la producción de conciertos y tecnología. ¿Deberían estos modelos proporcionarnos &#8220;pistas&#8221; sobre cómo articular fórmulas en nuestro país o piensas que seguimos tan alejados de los recursos que manejan estos centros que ninguna iniciativa remotamente parecida puede tener lugar en nuestro entorno? Desde luego, no es el mejor momento para soñar, pero ¿hay alguna esperanza de disipar el pesimismo? Ideas seguro que no faltan…</em></strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Hay diversos tipos de actividades que suelen realizar este tipo de laboratorios: la creación, la investigación, la enseñanza y la difusión. Dependiendo del tipo de institución en que se encuadren se enfatiza más una que otra. En realidad los modelos que más abundan en el mundo son los laboratorios vinculados a instituciones de enseñanza, como conservatorios o universidades (el IRCAM es una excepción), por lo que el énfasis más grande casi siempre es la enseñanza, seguido por la investigación. En estos tipos de centros la creación suele estar limitada a los profesores, alumnos o exalumnos vinculados al centro de enseñanza, y eso si hubiera disponibilidad en su ya saturada agenda; y respecto a la difusión se suele realizar un festival anual con las instituciones locales de conciertos. Desde mi punto de vista, lo ideal es un centro híbrido, que pertenezca a alguna institución de enseñanza pero que deje suficiente espacio para que puedan acceder artistas no vinculados al centro de enseñanza y que además tenga una proyección constante de cara al público en general.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong><em>Para terminar, me gustaría saber tu opinión sobre algo que me inquieta personalmente, ya en un plano más general: la relación con Latinoamérica, con la que –por cierto- el LIEM ha tenido diferentes experiencias a través de festivales y otras iniciativas. Tengo la percepción de que, para estos países tantas veces nombrados como &#8220;hermanos de lengua y cultura&#8221;, hay un desinterés creciente por España. Y también que hemos dejado de ser la vía de enlace con Europa. Nuestra falta de atención por su actividad, la escasez de proyectos en común y la falta de políticas de estado que realmente hagan posible unas relaciones fructíferas (las últimas noticias respecto a la cooperación internacional no invitan al optimismo), creo que hace que percibamos una desconexión que debería alarmarnos, más si pensamos en que su producción creativa es cada vez mayor y más interesante. La pérdida de oportunidades de intercambio se paga cara en el arte actual. Si perdemos esta referencia y también la que nos conecta con el resto de Europa, da la impresión de que vamos directamente al abismo del aislamiento. Afortunadamente, queda internet, pero aun así el panorama no es muy esperanzador…</em></strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">El idioma y parte de la cultura común siguen siempre siendo una ventaja indudable, pero evidentemente factores como el peso cada vez mayor de los hispanos en Estados Unidos, o la facilidad de comunicación vía Internet en la actualidad hacen que España, salvo por el pasado hegemónico, empiece a considerarse como uno más, entre los paises de habla hispana. Es decir, nuestras relaciones con hispanoamérica son cada vez más en plano de igualdad. Yo no quiero pecar de antichouvinista pero reconozco que me resulta por ejemplo admirable el entusiasmo y el apoyo que existe en México por el arte y la música; también reconozco la pujanza y los buenos profesionales de la música que surgen de Argentina o de Chile; o el gran nivel que hay en las orquestas de Venezuela, y podría seguir nombrando muchos otros casos. Aun tenemos una posición estratégica gracias a los centros de la AECID, que permiten un posibilidad de intercambio muy fácil con hispanoamérica y en esos países son polos de atracción muy importantes para los artistas de cada lugar. Para terminar diría que si existe desinterés por España desde hispanoamérica no creo que sea porque ahora seamos menos interesantes, sino más bien porque la globalización ha llegado a todo el mundo y hay mucha más información circulando sobre otras culturas incluyendo la de los otros países hispanoamericanos que antes estaban más desconectados entre sí.</p>
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		<title>Cultura después del 20-N: ¿mecenazgo o disolución?</title>
		<link>http://2epoca.sulponticello.com/cultura-despues-del-20-n-%c2%bfmecenazgo-o-disolucion/</link>
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		<pubDate>Wed, 23 Nov 2011 17:31:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergio Blardony</dc:creator>
				<category><![CDATA[01 Musikontext]]></category>
		<category><![CDATA[Mecenazgo]]></category>
		<category><![CDATA[Política cultural]]></category>

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		<description><![CDATA[Después de la contundencia de la victoria electoral, en el mundo de la cultura se abren todo tipo de incógnitas sobre la dirección de la política cultural que marcará el gobierno entrante. Entre las que más preocupan está un previsible cambio de modelo que quiere sustituir de manera progresiva el papel del Estado en la financiación.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>E<img class="alignright size-full wp-image-4432" title="20111123_cultura-despues-20n-mecenazgo-disolucion" src="http://www.sulponticello.com/wp-content/uploads/2011/11/20111123_cultura-despues-20n-mecenazgo-disolucion.jpg" alt="20111123_cultura-despues-20n-mecenazgo-disolucion" width="220" height="250" />l muy previsible –y asumido hace tiempo- resultado de las Elecciones Generales ya está aquí, y ciertamente se presenta con una contundencia notable. El Partido Popular tendrá en sus manos, a partir de ahora, el poder más que suficiente para hacer y deshacer en todos los terrenos en los que todavía la política marca una diferencia, si es que queda alguno. Y la cultura está entre los ámbitos que sin duda van a ser “tocados”, parece que sin escapar a la razón de esa entelequia llamada mercado. Conocemos poco de las acciones que emprenderá el nuevo gobierno, pero sí se deduce un cambio drástico en la manera de gestionar la cultura.</p>
<p>La forma inicialmente lógica de abordar la incógnita es tirar de programa electoral. En el caso del partido ganador contamos con la dificultad añadida de su esencia nebulosa, de manera que transitamos del discurso vacuo a las acciones escondidas. Pero incluso así, dado que tenemos pocos datos más y a falta de hechos concretos, en estos momentos sólo nos queda aferrarnos ese mundo feliz de las promesas para ver si sacamos algo en claro y podemos partir de algún sitio para elaborar la crítica. Partiendo de este punto, vemos que, en los objetivos que se marca el Partido Popular, aparecen varios lugares comunes y otros que no lo son tanto. Evitando los más tópicos e insustanciales, entre los primeros figura la asunción –como única posibilidad- del concepto “industria cultural”, algo que define claramente una política que, por otro lado, ya estaba claramente iniciada por el ahora gobierno en funciones. Y la crítica al respecto está clara y es abordable desde diferentes perspectivas. Una de ellas, esencialmente teórica, es que la industria implica mercado, y éste pertenece a un contexto concreto (el actual, inmerso en la idealizada globalización). En los años 60 del siglo pasado, William Baumol –uno de los economistas que más se ocuparon de la cultura- llamó la atención sobre un aspecto que deberíamos seguir teniendo en cuenta, ya que en gran parte es inmutable: la tecnología de la producción de bienes culturales no ha evolucionado del mismo modo que en otras actividades. Por poner un ejemplo, en términos económicos, producir un concierto “clásico” es proporcionalmente igual o seguramente más costoso que en tiempos de Brahms (aquí debemos tener muy en cuenta factores como el que la educación, en la actualidad, conlleva unos costes elevados, o la diferencia de calidad de las infraestructuras respecto a otras épocas). Es decir, la tecnología de la producción ha permitido que casi todo mortal, al menos en un contexto urbano del primer mundo, coma carne de razonable calidad (eso sí, a costa de una baja consideración social de las pobres y hacinadas vacas); pero plantar una orquesta sobre el escenario no podrá abaratarse salvo que deterioremos notablemente el propio bien cultural (por cierto, algo que ya está ocurriendo, eliminando plazas de músicos, por poner un caso). Este análisis –bautizado en su tiempo con el término <em>Baumol’s cost disease</em>, y conocido más popularmente como “Efecto Baumol”- tendría que estar presente en cualquier planteamiento político serio que pretendiese asimilar la idea industrial a la cultura, algo que nos tememos no es demasiado previsible que sea tomado en cuenta por los asesores que revolotean alrededor de directores generales o ministros del ramo.</p>
<p><strong>Mecenazgo vs subvención</strong></p>
<p>Si la idea de “industrias culturales” no es original del gobierno entrante, que en definitiva potenciará la línea iniciada por el anterior, y que, a su vez, asienta su justificación en una visión actual de la cultura bastante más extendida, hay otra que también aparece en el programa del Partido Popular, y que habría que atender especialmente por “novedosa”. Se trata del mecenazgo, algo pendiente de revisión desde hace décadas, y que supone –en el sistema ultracapitalista al que parece que nos dirigimos- un punto esencial. Dice el programa del Partido Popular, en el apartado 2 de las medidas a aplicar en el capítulo dedicado a la cultura: “<em>Impulsaremos el mecenazgo para que tanto particulares como empresas se involucren en la financiación y promoción de la cultura, sustituyendo progresivamente el actual modelo basado en subvenciones</em>”. Y aquí es donde se percibe un cambio ideológico de calado, pues se habla directamente de sustitución de modelos, donde lo privado, supuestamente, cubrirá lo anteriormente financiado con lo público (algo de esta canción ya nos suena, ¿no?). Pero hay un problema para la terapia sustitutiva: ¿a qué llamamos “cultura” y, por tanto, qué es lo que quedará excluido en base a una legislación que venga a contemplar y primar qué? Si nos dejamos llevar por la música que se escuchaba en la celebración del triunfo en la calle Génova, la situación se torna muy triste y oscura. Al margen de hechos anecdóticos, surge la pregunta de relieve: ¿cómo se articulará una legislación que permita, a través del mecenazgo privado, el mantenimiento de un contexto cultural tan diverso? El problema está precisamente en el concepto de sustitución, imposible a todos los efectos si no lo vinculamos en exclusiva con la idea de mercado en el arte, y especialmente destructivo si hablamos de arte no comercial. Una ordenación legal del mecenazgo malencarada con unas formas artísticas que –por definición- no pueden (ni tienen porqué) dar rendimiento económico en los niveles exigidos en un contexto mercantil, se nos antoja condenada a la indigencia. Y los temores nos acechan, sobre todo si atendemos a la sonada entrevista a Humberto Vadillo, el hace unos meses recién nombrado Director General de Cultura de Aragón, con perlas muy acertadamente comentadas por Jorge Fernández Guerra en su artículo <a href="http://www.docenotas.com/noticia/8749/opini%C3%B3n/msica-contempornea-jorge-fernndez-guerra.html" target="_blank">“La música contemporánea es el error expiatorio”</a>, y que huelga repetir aquí. ¿Iremos por ese camino? ¿Será el próximo ministro/a de cultura un clon del señor Vadillo (o será él mismo, que ya tiene “experiencia” en estos temas)?</p>
<p>Porque hay otro asunto que, cuando se habla de mecenazgo, se obvia casi siempre. Cuando consultamos el diccionario de la RAE el término “mecenas”, nos dice: “Persona que patrocina las letras o las artes”. Es sencillo y lícito sustituir “persona” por “institución”, pero –teniendo en cuenta que la acepción de “patrocinio” en el mismo diccionario es “Amparo, protección, auxilio”- podemos concluir que, en la actualidad, hay pocos que ejerzan un mecenazgo real. Más bien, la distinción entre mecenas y esponsor se debe a que el primero recibe el beneficio en forma de deducción fiscal o de rendimiento en prestigo institucional; y el segundo, en el contexto del marketing, del ingreso dinerario más o menos directo. Pero, en ambos casos, hay una fuerte implicación del beneficio económico que debe ser previamente cuantificado. Y los balances, en estos tiempos, o son diáfanamente positivos o llega la cruel tijera a recordarnos aquella falacia, hoy tan recurrente, del “hemos vivido demasiado tiempo por encima de nuestras posibilidades…”.  </p>
<p><strong>Una fórmula posible, a modo de apunte</strong></p>
<p>En algún texto ya di mi opinión personal sobre cómo pienso que debería plantearse una ley de mecenazgo que sirviese para adecuarse a un contexto cultural amplio, y no dejase definitivamente marginadas a las formas de arte no comerciales. Insistiré sobre ello porque la fórmula es simple: los beneficios fiscales deberían ser baremados de forma proporcional a las dificultades que tiene el “producto artístico” para producirse y difundirse, y siempre partiendo de un mínimo de calidad. Es decir, a mayor dificultad, más beneficio para el mecenas. De este modo, se ayudaría a preservar, a través de una especie de discriminación positiva, aquella creación e interpretación que –como la música llamada “contemporánea”- tiene unas menores posibilidades de salir bien parada en un escenario de supresión de la ayuda pública. Eso sí, esta idea en absoluto pregona esa sustitución de lo público que parece quiere llevar a cabo el inminente gobierno, sino que debería servir como un complemento necesario para potenciar cultura de calidad que –aun en una situación de mecenazgo “ideal”- fuera ignorada por las instituciones privadas.</p>
<p><strong>¿Ministerio? ¿Transversalidad?</strong></p>
<p>En cualquier caso, habrá que ver dónde coloca el nuevo gobierno el papel de la cultura. Las declaraciones sobre la desaparición del ministerio del ramo son ya de dominio público (en la fusión ya conocida con Educación), y motivo de artículos y sondeos a profesionales en los medios generalistas. Y también saber si esto responde a una mera operación de imagen o va más allá. De todos es sabido que la fusión de dos ministerios no implica un ahorro real.  Otros rumores apuntan a dar un carácter transversal a la cultura, de manera que ésta esté presente en distintas carteras.</p>
<p>Lo que está claro es que la cultura sí importa al político gobernante. Siempre hay mucha carga ideológica que desplegar y, sobre todo, las llamadas “industrias culturales” constituyen un porcentaje nada desdeñable de PIB. Mal que bien, en este contexto, seguramente se actuará en la misma dirección que en otros ámbitos: potenciar la internacionalización, el mercado interno, transvasar la financiación y la infraestructura de lo público a lo privado… La incógnita no está ahí. Sinceramente, si llamamos “arte” a un concierto de Bisbal o a la última serie de moda en TV, dará más o menos lo mismo cómo articulen soluciones. Finalmente, el problema se encuentra precisamente en esa consideración cultural basada en el mercado, y en consecuencia, qué pasará con el resto. El panorama no augura amaneceres luminosos frente al mar, con la gaviota cruzando el límpido y azul horizonte… Veremos.</p>
<p><strong>Referencias</strong></p>
<ul>
<li><a href="http://issuu.com/ppopular/docs/pp-programaelectoral" target="_blank">Programa electoral del Partido Popular</a> (Capítulo sobre Cultura: pág. 128)</li>
<li><a href="http://www.elcultural.es/version_papel/ESPECIAL/30083/Ministerio_de_Cultura_Si_o_No" target="_blank">Artículo en El Cultural sobre la pervivencia del Ministerio de Cultura</a></li>
</ul>
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